Uxoricidio

Enero 15, 2010 por namelessdead

Mi objetivo como futuro periodista es poner de moda la palabra “uxoricidio” entre la profesión. Si no es tan complicado aprenderla. Hasta vale para ganar el bote de Pasapalabra. Y bueno, el cuento (o similar) de hoy va sobre eso. De una forma muy sui géneris, para qué negarlo.

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Intentas indicar indenpendencia, interrelaciones intensamente indecisas, íntima

enemiga; enarbolas enfados, energúmena. Enterremos enrevesados,

anacrónicos antagonismos, antipatías analfabetas: anhelo anexionarte. Anillos

engarzados, entendámonos: encarecido encargo. Enojosamente enmudecimos, enlace

interminable, ¿inmortal? Infeliz: inefable indisposición… ¡¿Infidelidad?! ¡¡¡Inerte!!!

(F) in

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Y de música, algo relajado. Iba a poner drone metal pero no encontré el vídeo así que algo de dream pop con los Cocteau Twins.

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Escritura automática

Enero 6, 2010 por namelessdead

La lectura de André Breton aporta siempre ideas originales. De la originalidad a la capacidad de plasmar esas ideas en el papel hay, sin embargo, un buen trecho, y el propio Breton no me convence como poeta. Una de las ideas de las cuales intentaron adueñarse los surrealistas (y cuya exclusividad les llevó a reyertas verbales contra otros -istas) fue la escritura automática, basada en que el hombre mantenga su mente en blanco al escribir, de forma que ésta no esté condicionada por barreras adquiridas por la experiencia en la vida social sino únicamente por el subconsciente. No resulta, afirmo categóricamente tras la experiencia, sencillo realizar esta técnica, por cuanto los límites de lo legible están anclados en nuestra mente de forma más profunda de lo que sospechaba, y al final no salió todo tan automáticamente como esperaba.

El resultado: una amalgama de palabras carente de sentido alguno,  incluso cacofónicas. Y hasta partes en inglés que no tengo aún muy claro por qué aparecieron.

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La escritura automática podría dar lugar a una revolución//el papel seguía en blanco y su mente de colores//no era tan fácil pasar al surrealismo y el gramíneo rubor de la mejilla escapaba de un diccionario de odaliscas histriónicas para ocultarse en un sextante de estrellas rojas, o fuegos de artificio celestes, antagónicos Marte y Neptuno, blaugranas siderales en la sinapsis del poeta de folio blanco, de mente lisérgica, cielo, cielo, cielo-cielo-cielo-cielo oscuro de estrellas consumidas y supernovas y agujeros negros y nebulosas negras, sacos de carbón pregalácticos apagados, escondidos del telescopio traidor, de los espejos cóncavos, cristal curvo, metal liso, luz ondulada, franquicia del Big Bang y vuelta a la tierra, lejos-cerca-lejos de nada conocido, ¿tenemos todo por conocer?, preguntas en el telar andrógino de las Moiras y la muerte es una ¿amiga? quién lo sabrá, sólo dust in the wind, all we are is dust in the wind, the horror of a last necklace painted in white on a black cat’s chest, sparkling all night long in your daydreams of a snowy hall, el salón de la nieve fría que aglutina antares y casiopeas rojas como el rubor de la mejilla como la sangre que mana del papel apuñalado por el poeta bretoniano, artística endogamia, give me something to smoke now, I want to fly.

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Y ya que hablo de vanguardismos varios, también algo de vanguardismo musical, en este caso el colosal Steve Reich y su música minimalista, el comienzo de su obra “Music for 18 musicians”, uno de mis grandes descubrimientos de este último año en lo que a música alejada de estilos más o menos populares se refiere.

Baldosas

Diciembre 15, 2009 por namelessdead

Pues esto es una tontería de cuento que escribí esta madrugada. Ni siquiera me esforcé por cambiar la forma o la historia: está todo escrito como la primera vez, casi improvisado. Tampoco me apetecía trabajarlo mucho más. La idea viene del Historias de Cronopios y Famas de Cortázar y sus “instrucciones”, cuentos muy cortos con protagonistas intrascendentes tales como las hormigas o la cuerda de un reloj, y un desarrollo extremadamente original que combina con naturalidad el humor y la filosofía, además del casi irreal dominio del lenguaje que caracteriza al escritor.


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Baldosas

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Para quienes viven a ras de suelo es difícil darse aires de viajado, lo cual no quita que muchas baldosas sean más sabias que esas personas sedentarias que no ven más allá del estante que alberga la televisión.

Las baldosas nos ayudan tanto que, típico de los humanos, nunca pensamos en ellas. Estos pequeños seres cuadrados son el Atlas que nos sostiene, atadas al suelo que evitan que pisemos los días lluviosos que, sin ellas encharcaríamos nuestros pies sobre un piso de de tierra embarrada. Porque de nuestros pies las baldosas saben más que nosotros, y no hay cosa que más detesten que el calzado chirriante de los jóvenes, con las suelas de goma imbuidas con dibujos geométricos que garantizan una mejor sujeción al pavimento, que se pegan a las baldosas como un guante arrancando nuestro pelo; pero también odian a los ancianos y su paso penoso, ese paso que es paso pesado y paso plomizo y paso perdido, porque perdieron el rumbo perenne que perseguían. Los ancianos, al menos, calzan muchas veces alpargatas que serían el consuelo de toda baldosa de no ser por lo arrastrado de sus pies, que, con la suela plagada de arenilla, son lijadoras tan eficaces como una maquinilla de afeitar, lástima que las baldosas sean lampiñas y su after shave huela a lejía.

Todos creemos que las baldosas siempre están dormidas, porque no las vemos moverse, pero nos engañan. Las baldosas nunca duermen, porque cuando están soñolientas siempre hay alguien que las pisa y las despierta: un hombre a quien su trabajo no deja dormir, un adolescente estudiando mientras da vueltas por su habitación o una mujer que vuelve de la fiesta de sociedad con su tacón de aguja, penetrante, que las baldosas intentan comerse con las junturas que la rodean, que son su boca, y que le hacen tirar la copa de cava que aún tienen agarrada y así las baldosas pueden emborracharse porque tienen poca tolerancia al alcohol. Y cuando una baldosa es sacada de su ensoñación, todas sus hermanas despiertan con ella que por algo son hermanas, y todas acumulan más y más odio contra los hombres agobiados, los estudiantes sin método y las mujeres de alta sociedad y tacones aún mayores y a veces deciden saltar y dejar a la vista el suelo que pensábamos que no existía, porque están hartas de sentir cemento bajo su espalda y tacones en su cabeza. De momento, la revolución está en manos de unas pocas. Pero veremos qué sucede cuando aflore esa conciencia de clase que no debe tardar en surgir, y entonces no habrá quien nos sostenga en nuestra fantasía de alturas inimaginables sin la ayuda de esas a quienes pisábamos sin preocuparnos de algo tan fácil como no arrastrar los pies ni pisar fuerte con el tacón de aguja, y los hombres bajaremos de nuevo al suelo del que nunca debimos irnos.

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Marketing

Diciembre 3, 2009 por namelessdead

Esto es un pequeño cuento que tengo escrito desde hace un mes. Y ya que hace mucho que no escribo nada en el blog, aprovecho que me acordé para colgarlo. Es corto, página y media, y muy irónico, pero no me quedó nada mal. En mi opinión, vamos. Añado que acabo de darme cuenta de que casi todo lo que escribo está ambientado en Coruña, sea de forma intencionada o no. Este cuento comienza en una casa de Concepción Arenal y se dirige hacia el mar bajando la calle y dejando la Palloza a la derecha.



Mientras sus llaves fortificaban la casa ante indeseables asaltantes, los ojos de J. se fijaron en el cartel que colgaba a las puertas del ascensor.

NO FUNCIONA.

La perspectiva de un descenso a pie le resultaba agotadora. A pesar de vivir en un primer piso, el solo hecho de pensar en la monotonía de la tarea le suponía un inevitable agobio. Diez escalones hasta el descansillo. La luz desaparece en el quinto peldaño, y el descenso continúa en la oscuridad. Abajo, los escalones cambian su factura: de una masa de piedrecillas aglomeradas pasan a estar formados por un material que guarda una cierta semejanza con el mármol.

La entrada al edificio, cerrada por una puerta de barrotes cromados, está, como contraste con los pisos superiores, por completo iluminada, gracias a la profusión de apliques y del espejo que extiende la luz por las paredes, lustrosas y pulidas.

La calle tras los barrotes sigue igual. Inalterable por los años. El cielo permanece gris en el invierno que se prolonga ocupando el espacio de la primavera. Los papeles rotos, folletos publicitarios que nunca llegaron a leerse, vuelan en círculos, cambiando los productos que se anuncian, los colores y las palabras, sin alterar jamás su movimiento continuo.

El traje es opresor. Incómodo retazo de tela que, no obstante, aporta el toque de seriedad que todos esperan ver en alguien como J. Hoy estaba especialmente elegante, con esos zapatos recién pulidos, negros, brillantes. La corbata, alegre. Nadie que le viera podría dudar de su juventud aunque su traje y las arrugas que comienzan a aparecer alrededor de sus ojos opinen lo contrario. Un tono amarillo, deslumbrante como sus zapatos. J. era hoy un faro de luz en la monotonía del cielo gris, de las paredes grises, del enlosado gris, de los hombres de gris que le rodeaban.

Ayer se había olvidado el maletín en casa. Un día perdido. No iba a ningún sitio sin su maletín, cómo puedo ser tan olvidadizo. Las fluctuaciones en el mercado de valores que mostraba el periódico, realmente espantosas, le habrían despistado. Técnicas había bajado un cinco por ciento, y su banco casi un dos y medio. En Londres, otro tanto, y ni el Dow Jones había recuperado sus pérdidas. Qué pasará en el mundo, se preguntaba mientras abría la puerta olvidándose el maletín en la repisa de al lado.

Hoy no. Lleva su maletín y, ahora que salió a la calle abierta y que se aleja de ese patio interior en el bloque de edificios, ahora que siente el viento marino en su cara viniendo del fondo de la calle y que enfila el barlovento hasta ver el puerto, agarra su asa con fuerzas renovadas, estira su espalda y camina con apostura. Il Capitano. Hoy está seguro de sí mismo, ya olvidó las penalidades de la escalera y del ascensor que están arreglando cada dos por tres. Ya podrían comprar otro, con lo que pagamos de alquiler. El casero está esperando a que vengan compradores, no hay duda, y retirarse con lo que gane. Pues por su parte, ya puede esperar sentado: no piensa dejar pasar una casa semejante a un alquiler tan económico. Tampoco están las cosas para invertir en vivienda. Lo consultará, de todos modos. Conoce al hombre indicado para ello, F. Los contactos, quizás el mayor bien de toda persona, y un broker puede ser especialmente útil en tiempos como éstos.

F. le estará esperando a la puerta de la cafetería, y, como siempre, estará ataviado con su impecable traje de un azul oscuro que muchos pensarían que es negro, quizás en la propia fábrica se confundan en el momento del packaging. No importa. Nadie notaría la diferencia. El traje de J. era negro, o él siempre lo creyó al menos. En la tienda no había uno más oscuro. Nunca le gustó ese tono que tenía el de F. cuando le daba el sol. Menos mal que en la ciudad eso ocurría pocas veces. Se ajustó la corbata, sacó un pañuelo del bolsillo y se secó la frente. Estaba traspirando. La camisa, ya lo sabía. Esas baratijas que adquiere su mujer. Al volver a casa se lo recriminará. Sólo algodón, ya lo sabes. El sintético no permite que la piel respire.

Como esperaba, F. estaba a la puerta del café, sentado esperándole. J. se colocó el cuello de la camisa con discreción, saludó cortésmente y depositó su maletín en el suelo, con un cuidado extremo de no manchar el elegante cuero oscuro con la suciedad del empedrado. Los folletos que gastaban su tiempo bailando con el viento parecían haberle seguido. Le esperaba una conversación importante. Con el futuro de la bolsa en juego, las cosas no están para bromear. No ahora. Así que tras unas frases diplomáticas, qué tal tu mujer, bien, algo acatarrada, no me extraña, con este viento, parece que aquí nunca llega el verano, se aplicaron al trabajo. Abrieron los maletines, y comenzaron a hablar sobre las ventajas a largo plazo de una inversión en títulos de interés fijo mientras J. tomaba asiento en el suelo, junto a su compañero, y, como él, sacaba del maletín el folio donde se leía

HACE DOS DÍAS QUE NO COMO. TENGO MUJER, DOS HIJOS Y UNA CARRERA EN HARVARD, PERO ESTE MILAGRO ECONÓMICO NO FUE LO QUE PROMETÍA.

Desaparezco

Octubre 12, 2009 por namelessdead

Tras recibir quejas acerca de la vacuidad de mi poesía, de haber escuchado cómo se definía mi estilo como mero esfuerzo estilístico desprovisto de argumento alguno, tendré que colgar alguno de esos poemas que realmente tienen algún tipo de trasfondo. En este caso, crítica social (y como añadido vanguardista, con un estilo de puntuación peculiar):


Viajeros por el camino

  • vallado
  • recto
  • continuo

de lo adecuado
habitantes de una moral apátrida
estraperlistas de la ética mutilada por las rejas.

Reforzáis los muros kamikazes de la vergüenza
cerráis el sarcófago de la libertad con siete llaves
y sigue la despensa agonizante de realidad.

Atáis manos cansadas trabajadoras
con cadenas libertarias grabadas con pasadas hazañas
de heroicos salvadores olvidadizos
ancladas en un muro de crucifijos.

Nuestra senda se pierde bajo la brumosa lluvia
de vuestros espejos deformantes y grotescos.

Y miro la hierba, el cielo, las nubes, los libros
y desaparezco.






Oiga!

Octubre 5, 2009 por namelessdead

Navegamos sós
cara o amencer.

O Pailebote escora fuxindo do futurista Jolly Roger
O vixía fixamente mira o ronsel inmóbil.

E no porto esperan cicáis mozas
con tatuaxes de love
que agarden ve-lo noso mastro co velame despregamentado
e vellos coñedidos que despedimos cun axitamán
e co pano branco
…………………………..que oscilaba
nuboso e branco
…………………………..entre as nubes

A cangrexa toma o Vento. O Barco corre
………………………………………………………………..corre
…………………………………………………………………………corre

Veloz. E o Porto ten coordenadas descoñecidas.

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Homenaje a Manuel Antonio, el gran vanguardista gallego. Y mi único poema en ese idioma.

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Miracle drug

Septiembre 22, 2009 por namelessdead

I fell in love in Chicago. I fell in love in a hotel room in Chicago, listening to Miles Davis’ A kind of blue. Didn’t understand jazz, didn’t understand Miles Davis or how music could make me feel. (…) Just looking around Chicago I kinda understood Miles Davis somehow, understood his music. Then, we fell in love whith Chicago. It started out in clubs. I don’t remember the name of the club but I remember walking around tables, kissing people’s girlfriends and drinking their wine. With a microfone on the hand, it was a hundred people there but we found that Chicago had fall in love with us. (…) This is our drug. Miracle drug.

(Bono, cantante de U2. Transcrito a oído)

Sigo esperando esa sensación, ese entender de repente que esa ciudad tiene algo que te cautiva más allá de los monumentos y la arquitectura. Tal vez esta Coruña que abandono me tenga demasiado visto y no quiere enseñarme su cara espiritual y tal vez otras ciudades las he visitado con los ojos cerrados para no emocionarme, para no echarlas de menos o por simple distracción, esa característica tan mía.

En cualquier caso, últimamente el ambiente en Coruña es tan conocido que resulta previsible. Somos pocos y nos conocemos. Bueno, yo no. Pero recorrer las calles con determinados amigos se convierte en una sucesión de saludos y despedidas simultáneas de caras que nunca había visto, y a veces recordar que otro día tienen que quedar y a veces recordar lo que hicieron la última vez, y siempre me quedo yo al margen. Hasta los bares empiezan a ser demasiado conocidos y encontrar unos nuevos siempre da miedo y acabamos yendo a los de siempre, con los de siempre. O quizás es que no haya más bares de provecho. O quizás lo que falta sean personas.

Madrid será. Será la ciudad que me enganche por el cuello de la chupa de cuero contra el frío o que me inyecte la nostalgia de la cazadora contra la lluvia septentrional. Pero no me puede dejar indiferente.

Tal vez ahora abra al fin los ojos y me encuentre con que una gran metrópolis no es la ciudad en la que quiero vivir y que soy alguien que se alegra cuando ve el sol reflejado en un mar calmo y cercenado por mástiles de veleros y chimeneas de petroleros, y alguien a quien le gustan las olas al romper contra la orilla de un dique de abrigo aunque nunca las haya visto más que por la televisión, y alguien que aprecia por encima de cualquier alteración climática la lluvia, alguien que se detiene bajo las gotas que ilumina suavemente un foco blanco para que parezcan plateadas, hasta que mi pelo está chorreando, mis vaqueros se pegan al cuerpo y el forro de la cazadora permanece seco y me abriga, aunque al día siguiente tendré la garganta áspera y toseré de vez en cuando.

O tal vez ahora descubra que una ciudad como la Coruña es demasiado pequeña para mis ambiciones y mis costumbres. Pocos y conocidos. Y quiero conocer más. Y aunque acabaremos siendo los mismos de una forma o de otra, me queda aún mucho por conocer. Y aunque sea una ciudad sin lluvia y sin mar siempre me queda la nieve con la que nunca jugué y el frío seco con el que sueño, ese frío que es un punto a favor para hacerse heavy, ese frío que el cuero alivia y no se introduce por la piel, por la boca, por los pies, para enfermarnos sin haber disfrutado de la lluvia en la frente y resbalando por los labios y goteando por la barba.

O tal vez no pase nada de eso y Madrid sea otra ciudad a la que quiero pero que aún no me ha servido como catalizadora para una revelación. De hecho, no me preocupa. Aunque la revelación no venga, voy a vivir en Madrid igual, y voy a encontrar bares. Muchos y desconocidos. Y personas, creo. Y lo mismo. Porque quizás Bono está exagerando y él tampoco ha encontrado aún esa droga milagrosa que nos ilumina, esa que todos estamos buscando pero que nadie ha encontrado aún.


A (preposición) Coruña.

Septiembre 14, 2009 por namelessdead

PAISAJE DE UN DÍA

Destello póstumo de un Eros primigenio
en la piel cauterizada del cielo.

Silencio:
Batir de alas de palomas muertas,
y el agua hirviendo de la orilla
dibuja vapores de fuegos fatuos exhumados.

Sobre la arena desgastada: azul, rosa
y gasolina en combustión con su mantilla de nácar iridiscente.

Las rocas encadenadas en su prisión de ahogados
testifican, mudas, el perezoso paso del Sol,
hasta que astros metálicos tiñen la noche naranja
de focos de xenón a la fuga
y la muerte se extiende por las calles en cuarentena.




Vistas del paseo marítimo a la altura del comienzo de Orzán. Desde que Venus comienza a brillar marcando el alba hasta las noches de vacío urbano. Escrito una mañana de cansancio espiritual, de ese agotamiento al que sólo puede conducir el alcohol nocturno y persistente tras un sueño escaso, y con la inspiración del muy mediocre, como comenté en otra ocasión, Amado Carballo y su paisajismo animista.



(y quede claro que en general odio al pajeaguitarras Steve Vai con toda mi fuerza crítica, pero este tema deja sin argumentos a mi desprecio)

Pink Floyd

Septiembre 12, 2009 por namelessdead

Como complemento al poema inmediatamente inferior a esta entrada, mi recomendación es acompañar su lectura de música adecuada. En este caso, el tema agobiante, algo claustrofóbico quizás, me parece perfecto para el mejor tema que jamás dio el, a mi parecer, grupo más completo de la historia del rock: Pink Floyd, con su Comfortably Numb, que además incluye mi solo de guitarra predilecto, sólo superado por el Free Bird de Lynyrd Skynyrd.


Pink Floyd son una rareza dentro del mundo del rock progresivo al que pertenecen. Con unos primeros álbumes encuadrados en lo que se da en llamar “progresivo espacial” (del que hablaré algún día) con un sonido absolutamente psicodélico, entre los que destaca su primer The Piper At The Gates Of Dawn, a partir del disco Meddle se dedican a una música que recuerda más al prog sinfónico (del que también hablaré), con abundancia de ambientes basados en los teclados y en la guitarra tan característica de David Gilmour, con tempos lentos y notas amplias y reverberantes con una cantidad de armónicos que no sé de dónde saca. Es con este estilo con el que componen cuatro de los mejores álbumes jamás creados en la música moderna.

El Dark Side Of The Moon incluye el enormemente popular Money, pero la obra en su conjunto es una muestra de la perfección que se puede alcanzar a la hora de componer. Un disco cargado de saxofones y de recuerdos de jazz con un componente melódico enorme. Y relajante, muy relajante.

El Wish You Were Here incluye el éxito homónimo y una de las mejores canciones del grupo, Shine On You Crazy Diamond, en un álbum tan melancólico que entristece con cada escucha, una elegía tan conmovedora que ya la quisiera para sí Sánchez Mejía.

El Animals, una crítica social en forma de animalización, y me temo que el que menos conozco de estos cuatro.

El The Wall. El éxito masivo de Another Brick In The Wall (pt. 2) hizo sombra al disco en su conjunto. Tétrico, tenso, con una hermosura decadente fuera de toda duda. El álbum conceptual definitivo, y la cura de la felicidad inconsciente.

Pink Floyd, el único grupo capaz de competir con Yes, Genesis y King Crimson por el podio del progresivo, y el único de ellos que consiguió un éxito realmente masivo, más aún que el Yes comercialoide de 90125 o el Genesis suavizado de Phil Collins, y sin perder la credibilidad a ojos de la crítica. Nunca una música tan compleja sonó tan emocionante; nunca algo tan denso sonó tan sencillo. Como dije, una rareza en el progresivo, en el que todo tiende a ser demasiado complejo y técnico para enganchar a los oyentes ocasionales, tarea que Pink Floyd cumple sobradamente.

Como último favor al mundo, las deidades descendieron a ayudar a África en una memorable reunión (tras una disolución que no parece que pueda arreglarse) en el multiconcierto a nivel mundial Live8, la única oportunidad para mí, que nací cuatro décadas demasiado tarde, de verlos actuar juntos.


Noches

Septiembre 12, 2009 por namelessdead

SILENCIO DE NEGRA


El aire pesa en la oscuridad, aplasta cabezas contra la almohada.
El silencio silba melodías tétricas en los oídos.


Pulsaciones, sordos golpes en el cráneo.
Latidos. A ritmo de marcha fúnebre dan la vida.
Ruido de fondo, infinito. Quizás melodía subterránea de los muertos.
Pero silencio.


Pero silencio.


Una racha de viento.
(.)Una gota
(…)Tres
Miles de tópicas lágrimas negras salpicando los aleros, inundando [canalones, repiqueteando con furor en las ventanas cerradas, [anegando el suelo.
El viento se disfraza de huracán resonante entre las paredes de [una habitación en vela.


Y una ráfaga más. Agita los árboles.
Cae
una naranja. Y se desgaja.
(…)
(.)
Y silencio.
(.)
Lejano traqueteo en la carretera.
(.)
Oscuridad densa, aplastante.
Aire silencioso en la cabeza.
(..)
Pulsaciones.
(..)
Latidos
Y ese ruido de fondo, infinito.


Pero silencio.




(.)