Alejandrinos para esos días
Hay días
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en que confundes el amanecer con la noche
la risa con los gramófonos y los estorninos,
la ciudad con el desierto afín de tus pasos
y la vida con las lágrimas.
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Hay días
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en que sigues la espiga de luz hasta los faros,
te elevas y vuelas con carcajadas de alondra.
Con plumas nuevas de inédito cisne sajado
bebes de los barcos la bahía.
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Hay días.
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Algunos días
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la lluvia devasta tu rostro en una sonrisa,
el sol araña tus ojos, hasta desangrarlos,
y recoges la sangre y pintas, trazo de musa,
esta naturaleza. Muerta.
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Algunos días
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buscas en el viento, y en Bob Dylan, las respuestas;
buscas en el colchón una pregunta y recuerdas
que las preguntas murieron, triste abalorio,
en un albo cuaderno de infancia.
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Algunos días
todos nos desgastamos.
También el mundo.
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Algunos días.
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Todos los días
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busco dentro de mi cara la tuya en los espejos,
encuentro un olor extraño y tuyo en la camisa,
olor extraño de distancias y soledades
olor tuyo de caricia y elixir.
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Todos los días
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encallan los barcos en un alfaque sin faros,
huyen las alondras al juego de las ardillas,
el amanecer termina, se llega la noche,
se secan las lágrimas.
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Todos los días
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tú te preguntas, yo me pregunto, voz reflejo,
sin saber qué preguntarnos, sin cerrar los ojos,
sin apartarlos, bebiendo en ellos la bahía.
Te ríes. Tu risa no está grabada.
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Todos los días
brota una flor nueva.
Renace el mundo.
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Carlos Recamán Arcay
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