Rebelde sin consecuencia

O rumor dos pinos reverbera en Madrid

Soledad

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Te encontré y tu boca sabía a soledad.

Tus labios desiertos estaban desgastados

por la indiferencia.

.

Te encontré y mi boca sabía a soledad.

Mis labios desiertos estaban desgastados

de buscarte.

.

Estos días – o estos años,

o puede que siempre –

asola todas las tierras

una brisa de abandono

con espinas de rosa y abejorros

y alacranes del invierno

que nos desnuda y nos desflora,

que nos aventa y nos ultraja

las entrañas.

.

Tus pecados y los nuestros,

los pecados de los hombres,

encadenan a mil ángeles;

nuestros pecados que son

flaquezas de clerizontes

sin vocación ni palabra

–sin palabra, voz creadora,

virtud y pecado del hombre,

somos gazmoños sin dios.

.

En esta ciudad, en cada esquina,

gotea una charca de sangre,

se apaga un gemido sajado,

nace una pregunta muerta

y agoniza por la espera

su respuesta.

.

En esta ciudad hay personas

que revuelven cada mañana

los contenedores

y personas que queman

cada noche su dinero

en una hoguera de vanidades,

aquelarre de los mercados,

de consejeros y bancos

y directivos.

.

Y detrás de cada puerta

y en cada máquina, y en cada telefonazo,

en las facturas, los cheques

y las billeteras,

se aleja, perdido su rumbo,

su significado y su sentido,

un alma, dejando tirado un cuerpo

inútil

como son todos los cuerpos vacíos,

los cuerpos maquinales,

los hombres telefónicos,

los tigres de violento papel

de los recibos.

.

Con cada firma burocrática

se desploman los escombros

de una ruina infinita,

se derrumban los despojos

que somos la humanidad.

.

Son, somos despojos

de hombres de hambre

y hombres de olvido,

hombres metálicos y telefónicos,

personas de quita y pon,

personas desposeídas de monedas,

de vanidades y de risa,

hombres sin dios y sin ángel,

hombres que atentan

contra la palabra de los hombres.

.

Hombres alienados, dispersos

en islas, en continentes,

en países y fronteras y alambradas,

en cada esquina.

.

.

Te encontré

y nuestros labios

dejaron de saber a soledad

y a despojos.

.

.

Carlos Recamán Arcay

.

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Escrito por Carlos Recamán Arcay

noviembre 10, 2011 a 10:53 pm

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