A veces
Para M.
.
A veces te recojo del suelo con la suavidad
con la que se recoge a un gato joven
que no aprendió, todavía, a tropezar.
.
Algunas veces te aprisiono
en una jaula eufórica de besos,
mientras fuera el mundo explota y se retuerce,
para que tú no estalles con él.
.
A veces te recojo y te acaricio
porque no sé qué decir para que te rías.
Y todas esas veces sonríes
ante lo absurdo de mi silencio.
.
Pero también hay veces
que sin saberlo me recoges del suelo
con una palabra de amor al amanecer.
.
Hay veces que me aprisionas
y me pides que no me vaya. Y entonces
ya no tengo ningún lugar adonde irme
porque el mundo se reduce a tus palabras.
.
Hay veces que me regalas una caricia furtiva
en cualquier paseo, por cualquier calle,
sin ningún motivo, y yo no sé qué decirte
más que mi recurrente “te quiero”.
.
¿Y si te digo que mi vida
es un refractario ritual de dudas e inseguridad,
de miedo hasta a la sandez menos temible?
.
¿Y si te digo que mi vida
a veces también se escapa. Rehúye mis miradas,
extravía mis presentes (y no sé dónde
ni quiero saberlo, ni quiero saber por qué)?
.
¿Y si te digo que mi vida
no tiene dioses, ni esperanzas ni mañanas,
que no tengo refugio ni descanso,
ni morada sin pesar?
.
Tendría que recordarte, también,
que mi vida es como la vida de todos,
como todas nuestras vidas.
.
Tendría que recordarte, también,
que a veces hay esperanzas y presentes.
Que las dudas no amedrentan
cuando el mundo se reduce a tus palabras.
.
Tendría que recordarte que tus caricias
son como de gata joven, y que mientras me besas,
aquí fuera todo explota y se retuerce. Todo,
salvo nosotros dos.
.
Tendría que recordarte, en fin,
que cuando me recoges del suelo comprendo
que la vida es más sencilla entre tus brazos.
.
Que la vida es más sencilla entre tus ojos,
aunque sean tan marrones que rehúyan las metáforas,
aunque sean tan profundos
que no las necesitan.
.
.
Carlos Recamán Arcay
.
