Rebelde sin consecuencia

O rumor dos pinos reverbera en Madrid

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En el tiempo transversal

Con dos caras de niñez alegre

rebuscan retales de vaciedad

en cada contenedor del barrio.

 

Hacen suyas las calles con carritos

inversos de supermercado,

juegan a tratar de henchirlos

con latas yermas,

a arrancarse las anillas, al acéfalo partido

de la madurez precoz

tutelada entre basuras,

entre escombros, entre olvido,

el disfraz moreno de soles

la pobreza

el tránsito de los peatones;

 

juegan también a transformarse

en la herrumbre entre los hierros,

en el hueco de las rejas,

el treno baladí de los callejones;

en sinónimo frugal

de los despojos.

 

Juegan a transformarse en el estigma,

sociológicamente en lo invisible,

en la latencia de polvo

que generan los andenes limpios

a modo de subproducto, de daños

colaterales que ocultan los ayuntamientos

con higienismo reglamentado;

 

Mientras hacen suyas las calles,

otras tres millones doscientas

sesenta y cinco mil treinta y seis impropias cosmologías

—según el último censo—

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Written by Carlos Recamán Arcay

abril 17, 2012 at 9:56 pm

Publicado en Uncategorized

Quimérica Eva

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Arrancaste el verde de mis huesos, el magenta de todas las impresoras y los reflejos de violeta que vulneran el arcoíris. Me arrebataste la herida y la cárcel; la jaula sin ti, sin tus vuelos de pájaro cantor, sin tu arrullo lejano en la madrugada, quedó vacía. Te llevaste incluso el gris.

.

***

.
Tú, que llegaste con ese ademán de ave del Paraíso, con tu caricia virginal de Eva y esa boca de lujuria con sangre y labio de Lilit, a prometerme tus noches, un beso en cada estremecimiento de Orión; y jugabas con mis entrañas, te sentabas entre mis piernas e intentabas desraizarme los ojos; pero cuando yo te tocaba sonreías, un deje de timidez entre los dientes, tu lengua se retraía, tu cuerpo se hacía un ovillo y te marchabas, lejana, irradiando solamente soledad.

.
Y fuiste cortando páginas de todos mis libros, quemando con tu pedernal los calendarios contra mi yesca. Y cada día tus músculos estaban más distendidos, me agarrabas sin permiso por un brazo y me mordías con la boca de tu espíritu, y yo intentaba abrazarte y me apartabas con tu mirada clavándose en el horizonte, donde el sol colaboraba con tu incendio de mis días. Y cuando me apartaba yo, entreabrías tu camisa y escindías tu piel, restregabas tu pie sobre mi pierna por debajo de una mesa de restaurante; te mordías un labio y volvías a perder tu dignidad y tu máscara de Eva. Pero nunca te dejaste besar.

.
Mientras tanto, sabías que transportabas mis sueños a la dirección de tu carne y de tu blusa; agarrabas mi mano, canturreabas en mi oído un hasta mañana, y te alejabas arrastrando contigo el anochecer. Y cada vez que te ibas, envejecías un poco el mundo y las madrigueras que se extendían por la ciudad, superpoblándose de conejos y raposos. Y en cada paso tu tacón perforaba una gotera de magma, y tus huellas, tu silueta, tenían un resplandor infatigable de erupción.

.

***

.

Fue tal vez el roce de tu tacón sobre la acera, tal vez fueron tus palabras que se iban ahuecando, hoja tras hoja, como los calendarios. Te teñiste de vulgaridad, el destello tropical de tus plumas se ennegreció con presagios de algún ave carroñera. Las pocas veces que aún mostrabas tu antifaz de Eva, te costaba sostenerlo. Te costaba incluso engañarte a ti misma.

.
El día en que se acabaron los calendarios y me dejaste sin libros, te marchaste.

.
Rompiste ante mis ojos ciegos tu careta de Eva, tu piel leve, la sonrisa pícara de cuando te intentaba besar. Bajaste a la calle que flameabas con tu andar; y desatada con tu hechura de Lilit, te abrazaste a un conato de Adán que sólo vio en ti ese estanque tumefacto de lujuria que era también lo único que yo había podido encontrar. Te llevaste tus galas de ave del Paraíso, y creíste dejarme sin verde ni arcoíris, y te llevaste los barrotes y con ellos enclaustraste a tu nuevo Adán.

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Pero yo, solo en mi jaula sin pájaros, retenía mis colores; pensando que me quitabas todo, sólo te llevaste el gris y el verde tono de moho con que habías pintado mis huesos; avivaste las impresoras y purificaste el arcoíris. Intentaste dejarme sin canciones pero yo había aprendido a piar, había expandido mi jaula de alambres hacia el horizonte y el cielo. Y volé más alto de lo que tú habías podido planear.

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Tú, que te crees un ave del Paraíso, sólo eres un remiendo de cometa que se columpia con el viento, que acecha en todos los hombres a Adán y sólo encuentra, en todos ellos, el Caín que se merece. Tú que vivías fabricando máscaras de Atenea te deshiciste de todos los ornamentos, y tu voz era el aullido de una lamia inacabada, de una émula manchada que engañaba, por todo el Edén, a cien adanes y a cien dioses.

.

***

.

Y dentro de mi jaula, sin caretas ni ambiciones, apareció, auténtica, la única Eva; y se rindió ante mis pies al tiempo que me arrodillaba. Nos juntamos en el suelo, y entre el barro recordamos los orígenes, memento homo, polvo somos y en polvo nos convertiremos. Y encontró en el hueco de mi costilla perdida un espacio donde refugiar su alma; y era al lado, justo al lado, de la mía.

.
Ella, sin maquillajes ni ornamentos; ella, una verdad en sí misma, repintó el espectro de los colores. Alargó los arcoíris, hinchió de razones mi sonrisa y desbordó y satisfizo los siete pecados de mi lujuria. Y no se vanagloriaba de la altura de sus vuelos; me pedía agarrarse de mi brazo para que me quedara con ella, aunque no lo necesitara, aunque yo no pudiera irme ya a ninguna parte sin ella.

.

Desde entonces, desde ese encuentro en que cruzamos miradas y manos y bocas, la jaula perdió los alambres y volamos. Y volamos hasta un sol que ya no abrasaba los días para perdernos juntos entre los libros y los calendarios.
Desde entonces detuvimos los relojes, calentamos las aceras e impregnamos de magma cualquier lecho. Nos reconocemos desde entonces, con susurro, los pobladores únicos del Edén que concebimos juntos.

.
Desde entonces no he dejado de comer el fruto prohibido de la señera mujer que encontré, esa que había tenido siempre por quimera, por irrealizable fantasía, y que ahora duerme a mi lado.

.

No he dejado de comer el fruto
de Eva en mi Paraíso.
.

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Carlos Recamán Arcay

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Written by Carlos Recamán Arcay

enero 18, 2012 at 2:50 am

Publicado en Cuento

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También tu ausencia

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La dedicatoria habitual

Incluso tu vacío

me recuerda a ti.

.

Me sugiere tu cuerpo

satinado de  suavidad,

sosegado junto al mío

en una geometría

orgánica, modernista

e imposible.

.

Tu falta nunca

abandona mi abrazo,

y te siento como mía

en tu ausencia, como míos

son mis ojos y míos

los músculos y las vitaminas.

.

Te siento mía,

como mío es cada fragmento

de mi ser, porque contigo

no existen la posesión

ni la pertenencia,

ni vocablos de egoísmo.

.

Y así te siento,

mía como son míos los sueños

y las quimeras. Mía

como mía es la luz

de los espejos. Mía,

aunque yo también soy tuyo.

.

Porque en estas noches ahuecadas

también la oscuridad

me recuerda a ti.

Y el mundo que renace

con cada despertador…

en él también te recuerdo.

.

Y en él te desnudo

de ficciones, de fantasías

o más bien desnudo a tu ausecia

y capa tras capa quedas,

émula de mi esperanza,

monopolizando mis ideales.

.

Todo lo que no eres tú

(aunque tú, con sólo

esas dos letras eres

todo y mucho más que todo)

también me repite,

como reitera tu ausencia,

.

que incluso tu vacío

me recuerda a ti

.

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Carlos Recamán Arcay

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Written by Carlos Recamán Arcay

diciembre 3, 2011 at 2:53 pm

Publicado en poesía

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Atlas

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Para M.

Te siento abrazándote a mi olor

aquí a mi lado.

.

Tus ojos hondos dormitan

con ademán sosegado;

el reflujo de mi aliento

va entibiando, cadencioso,

tu respiración, tu sangre.

.

Tu boca, sonrisa cálida

se transforma en el visaje

de un beso con nocturnidad,

y tus labios entreabiertos

están remedando la Luna.

.

En tu cuello quedan signos

de saliva y mordisqueo

y un mechón desarraigado

de desorden montaraz,

lo breve de tu melena.

.

Tus pechos de carne tierna

reposan sobre mi pecho

con un atisbo de rojo

sobre su piel imantada

como la piel de tu vientre

que se eleva y se distiende

con ritmo de ditirambo.

.

Tu sexo, calmo y lozano,

se relaja y me presagia

la redondez de tus piernas,

y tu cuerpo entero huele

a la noche y al cansancio.

.

Pero tus brazos.

.

Tus brazos de mano tersa

con sus suavísimos dedos

que acarician el futuro,

que acarician mi cadera.

.

Tus leves brazos de Atlas

a los que miro dormidos

y los arrullo y comprendo

que sostienen nuestro mundo,

.

y te beso y te despierto

y te recuerdo que tú,

que con voz plena de sueño

musitas algo inaudible,

.

eres mi pecho y mi vientre,

mis noches y mis mañanas,

y mis ojos y mi aliento,

mi boca tu boca cálida,

mi sexo tu sexo calmo,

y tus brazos son mi brazo

y tus manos son las manos

que sustentan

para los dos

el mundo.

 .

Y te beso y te despierto

y con voz plena de sueño

musitas algo inaudible.

.

Perdona por despertarte,

eran sólo tonterías,

te quiero, muy buenas noches.

.

Estás preciosa durmiendo.

.

.

Carlos Recamán Arcay

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Written by Carlos Recamán Arcay

noviembre 28, 2011 at 12:20 am

Publicado en poesía

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A veces

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Para M.

.

A veces te recojo del suelo con la suavidad

con la que se recoge a un gato joven

que no aprendió, todavía, a tropezar.

.

Algunas veces te aprisiono

en una jaula eufórica de besos,

mientras fuera el mundo explota y se retuerce,

para que tú no estalles con él.

.

A veces te recojo y te acaricio

porque no sé qué decir para que te rías.

Y todas esas veces sonríes

ante lo absurdo de mi silencio.

.

Pero también hay veces

que sin saberlo me recoges del suelo

con una palabra de amor al amanecer.

.

Hay veces que me aprisionas

y me pides que no me vaya. Y entonces

ya no tengo ningún lugar adonde irme

porque el mundo se reduce a tus palabras.

.

Hay veces que me regalas una caricia furtiva

en cualquier paseo, por cualquier calle,

sin ningún motivo, y yo no sé qué decirte

más que mi recurrente “te quiero”.

.

¿Y si te digo que mi vida

es un refractario ritual de dudas e inseguridad,

de miedo hasta a la sandez menos temible?

.

¿Y si te digo que mi vida

a veces también se escapa. Rehúye mis miradas,

extravía mis presentes (y no sé dónde

ni quiero saberlo, ni quiero saber por qué)?

.

¿Y si te digo que mi vida

no tiene dioses, ni esperanzas ni mañanas,

que no tengo refugio ni descanso,

ni morada sin pesar?

.

Tendría que recordarte, también,

que mi vida es como la vida de todos,

como todas nuestras vidas.

.

Tendría que recordarte, también,

que a veces hay esperanzas y presentes.

Que las dudas no amedrentan

cuando el mundo se reduce a tus palabras.

.

Tendría que recordarte que tus caricias

son como de gata joven, y que mientras me besas,

aquí fuera todo explota y se retuerce. Todo,

salvo nosotros dos.

.

Tendría que recordarte, en fin,

que cuando me recoges del suelo comprendo

que la vida es más sencilla entre tus brazos.

.

Que la vida es más sencilla entre tus ojos,

aunque sean tan marrones que rehúyan las metáforas,

aunque sean tan profundos

que no las necesitan.

.

.

Carlos Recamán Arcay

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Written by Carlos Recamán Arcay

noviembre 22, 2011 at 6:28 pm

Tomavistas: Madrid otoñal

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Madrid vacío.

Una calle infinita

color de invierno.

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 .

En este cianotipo del invierno

velamos (con su mirada inefable

de pocillo del café y de luminarias)

la frialdad ortogonal que se extiende

por las plazas y congela las risas y los días,

los rayos célibes de la Luna, las hojas

desarraigadas del pavimento

con mano de chubasco y septentrión.

.

Con nuestro ambigú de calaveras

calentamos los bajos cubierta

de viviendas de soledad y sotobosque,

los gatos álgidos de flecha negra,

el tejado de dos aguas

que se intentan congelar,

la tibieza del efímero autobús nocturno,

con sus ojos de canela y meteoro,

de parhelio de cien soles.

.

Este año

con el frío y el fervor,

con nuestra hoguera y su ventisca,

Madrid ha vuelto a adelantar

la Navidad.

.

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Carlos Recamán Arcay

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Written by Carlos Recamán Arcay

noviembre 14, 2011 at 3:08 am

Soledad

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Te encontré y tu boca sabía a soledad.

Tus labios desiertos estaban desgastados

por la indiferencia.

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Te encontré y mi boca sabía a soledad.

Mis labios desiertos estaban desgastados

de buscarte.

.

Estos días – o estos años,

o puede que siempre –

asola todas las tierras

una brisa de abandono

con espinas de rosa y abejorros

y alacranes del invierno

que nos desnuda y nos desflora,

que nos aventa y nos ultraja

las entrañas.

.

Tus pecados y los nuestros,

los pecados de los hombres,

encadenan a mil ángeles;

nuestros pecados que son

flaquezas de clerizontes

sin vocación ni palabra

–sin palabra, voz creadora,

virtud y pecado del hombre,

somos gazmoños sin dios.

.

En esta ciudad, en cada esquina,

gotea una charca de sangre,

se apaga un gemido sajado,

nace una pregunta muerta

y agoniza por la espera

su respuesta.

.

En esta ciudad hay personas

que revuelven cada mañana

los contenedores

y personas que queman

cada noche su dinero

en una hoguera de vanidades,

aquelarre de los mercados,

de consejeros y bancos

y directivos.

.

Y detrás de cada puerta

y en cada máquina, y en cada telefonazo,

en las facturas, los cheques

y las billeteras,

se aleja, perdido su rumbo,

su significado y su sentido,

un alma, dejando tirado un cuerpo

inútil

como son todos los cuerpos vacíos,

los cuerpos maquinales,

los hombres telefónicos,

los tigres de violento papel

de los recibos.

.

Con cada firma burocrática

se desploman los escombros

de una ruina infinita,

se derrumban los despojos

que somos la humanidad.

.

Son, somos despojos

de hombres de hambre

y hombres de olvido,

hombres metálicos y telefónicos,

personas de quita y pon,

personas desposeídas de monedas,

de vanidades y de risa,

hombres sin dios y sin ángel,

hombres que atentan

contra la palabra de los hombres.

.

Hombres alienados, dispersos

en islas, en continentes,

en países y fronteras y alambradas,

en cada esquina.

.

.

Te encontré

y nuestros labios

dejaron de saber a soledad

y a despojos.

.

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Carlos Recamán Arcay

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Written by Carlos Recamán Arcay

noviembre 10, 2011 at 10:53 pm